5.5.20

¿En qué medida YO puedo hacer algo si es verdad que está todo por hacer?

Si tenemos que explicar una nueva realidad al hundirse esa ya vieja realidad por culpa de un virus, si estamos convencidos de que nos viene una nueva sociedad, tenemos también que admitir que está todo por hacer y que no suenan nuevos caminos, nuevas ideas, nuevos proyectos con la misma fuerza con la que suenan los destrozos de la vieja sociedad ya hundida.

Es verdad que todo lo viejo nunca se quiere morir sin hacer ruido, y que su capacidad de defensa es tremenda, lo que nos muestra que igual no vamos a tener tantos cambios como nos imaginamos. Pero aún así, seguro que algunos sí tenemos, y que incluso algunos de ellos serán importantes. Cambios que notaremos, que nos transformarán, que cambiaran las formas del trabajo, del ocio, de la economía, de las ciudades y de las relaciones con otras personas.

El mundo no se va a derrumbar, no lo van a dejar caer los dueños del mundo. Perderían todo el tinglado montado. Y eso es una ventaja para los que no somos dueños de nada. Tranquilos, que los “amos” intentarán que esto no se derrumbe.

Pero a la vez deberíamos pensar si podemos influir en que sea algo mejor, más repartido, con más capacidad cada uno de nosotros de emprender ideas, trabajos, iniciativas, éxitos futuros para nuestros hijos. ¿Por qué no vamos a poder ser cada uno de nosotros dueños del diseño del futuro?

Si es verdad que está todo por hacer, es tanto como admitir que todo lo que hay ya no nos sirve y eso hay que explicar que es un error. No se trata de construir todo de nuevo, sino de reconstruir a base de lo que vamos a decidir que no vale. Y es posible que unos optarán por salvar unas cosas y otros por otras cosas diferentes. Yo que tengo bicicleta quiero salvar las bicicletas, pero quien tiene patines deseara salvar los patines. ¿Y tú qué tienes?

Tal vez la pregunta correcta sea: ¿En qué medida YO puedo hacer algo si es verdad que está todo por hacer?

2.5.20

Residencias de Mayores ¿seguimos creyendo en ellas?

Con una encuesta realizada en Cataluña a casi 15.000 personas por el Centre d'Estudis d'Opinió (CEO) de la Generalitat podemos ver con números lo que ya intuíamos. Hemos perdido casi en su totalidad la confianza en las Residencias de Ancianos. Según esta encuesta con un número más que suficiente de datos analizado la confianza se mueve entre el 3,71 (sobre 10) de las Residencias de tu entorno y el 3,44 del total de Residencias para Personas Mayores.

Está claro que el problema a resolver es de los propios propietarios de este servicio que durante muchos años ha sido un gran negocio, y de las instituciones públicas que han soltado dinero concertado para evitar resolver un problema social. Los abuelos, las personas mayores, siempre molestamos. Lo curioso es que los segmentos que molestan son muchos pero de los que nos queremos olvidar es primero de las personas mayores que son las que hemos construido todo lo que tenemos.

En esa misma encuesta la valoración a los Hospitales es de 7,2 lo que indica que no es respuesta ante miedos, sino ante lo que se ha percibido como riesgo real. Las Residencias de ancianos han sido una mezcla de fraude y de incapacidad. 

¿Para qué sirven algunos servicios que se ofrecían, mientras los básicos como el número y calidad de los gestores y trabajadores se intentaban tangar?

Ha fallado el modelo y lo sabemos todos. No siempre tenemos claro el nuevo modelo, si macro o micro, si intermedio, y menos sin diseñar las Residencias de ancianos como servicios Hospitalarios de baja gama o como Hoteles dedicados a los Mayores. El concepto va acompañado del tipo de servicios y es importante saber diferenciar.