28.3.20

Viniendo de Cerca 05 - La religión está sola

Este de arriba sería el ejemplo más sencillo de entender de qué manera nos está afectando la pandemia del coronavirus incluso en lo más profundo del pensamiento de millones de personas. La Religión también ha parado, se ha confinado, está obedeciendo. 

Es la primera peste en la historia de la humanidad que se intenta curar sin sacar a las vírgenes o santos a la calle, sin apelar a Dios o sin señalarlo como castigador. 

Se suspenden las misas, el Papa bendice al mundo en una histórica bendición Urbi et Orbien, con la Plaza de San Pedro del Vaticano totalmente vacía, mientras en la Meca no acude nadie a peregrinar, se suspende la Semana Santa, se fía todo a los técnicos, a los investigadores, a la ciencia la solución de este drama mundial. 

El virus parece más fuerte que Dios, que lo ha suspendido en sus funciones, que lo ha dejado solo para ver en televisión. 

Eso sí, las autoridades católicas ya han advertido que la misa es sagrada aunque se vea en la televisión, que ni se puede ver en pijama ni se puede ver en diferido. Que Dios lo ve todo, aunque no sepa qué hacer con el virus COVID19.

Viniendo de Cerca 04 - El virus salta de China

Pero dos días después, el 13 de enero de 2020, el virus se iba con una mujer a Tailandia que tras estar en la ciudad china de Wuhan había vuelto a su país. El virus ya había saltado fuera de China y empezaba su viaje por el mundo transportado por personas dentro de un mundo globalizado donde viajar constantemente y de forma rápida era ya una constante fácil entre todos.

El día 17 de enero, poco más de dos semanas tras que China avisara, en los aeropuertos de los EEUU se empezaron a realizar pruebas de detección de fiebre a los pasajeros que llegaban desde la ciudad de Wuhan. 


Semanas después hemos sabido que algunas personas sin síntomas pero portadoras del virus ya estaban infectando antes de que realmente notaran los problemas en su estado de salud. El virus actuaba ante de que los síntomas dieran la señal de alarma.

El día 20 de enero el científico chino Zhong Nanshan nos confirmó al mundo que la enfermedad se transmitía entre humanos y que aquello parecía un problema mayor del que a primera vista se presumía. 

Más de la mitad de las provincias chinas ya estaban afectadas aunque no todas en la misma proporción y su propagación parecía mucho más rápida de lo que se había estimado, incluyendo Pekín, Shanghái y Shenzhen

El mundo se empezaba a preocupar con una enfermedad para la que no tenemos en ese momento ni cura ni vacunas para defendernos.