22.12.18

Qué quedará de nosotros dentro de un siglo?

Tengo un amigo que sabe buscar por la red de redes artículos de opinión política plural y nos los va dejando en sus propias redes para que los disfrutemos. Un coleccionista de opiniones ajenas. Muy bien por él. Pero hay un déficit en esta afición suya. No existe una biblioteca que los recoja y los archive. Ya, ya sé que son propiedad de cada medio, de cada periodista u opinador, pero son imprescindibles para entender estos tiempos, tal y como funcionamos. Se nos escapan sus palabras por el viento en cuestión de horas. Se pierden, se los lleva la rapidez de los tiempos.

Son tiempos en los que todo es etéreo, fluido, casi accidental, donde muy poco soporta el paso del tiempo, aunque sea simplemente una semana. ¿Qué quedará de nosotros dentro de un siglo?
Pues posiblemente la idiotez de un tiempo gastado, consumido a bocados y sin masticar, ferozmente insolidario sabiendo que éramos insolidarios. Son tiempos de consumir incluso los tiempos vacíos, pero para nada, por el mero hecho de comernos las posibilidades y el presente.

En Zaragoza también tenemos vallas fronterizas

Hay personas que creen en las vallas metálicas o de piedra, pero todas ellas con pinchos. Se piensan que las vallas de las fronteras les van a defender no se sabe bien de qué. Pero en cambio no saben pasearse por su ciudad. Sea Madrid, Zaragoza o Sevilla. ¿Sabes querido lector que en Zaragoza o Málaga hay vallas que separan sociedades, que encierran a unas de las otras para que no nos veamos? 

Sí, si, en tu propia ciudad hay vallas, restaurantes, bares y zonas de reunión a las que no puedes acceder, lugares con otros tipos de vida que desconoces y que cuidan mucho de que tú no entres si no eres invitado. 

¿Crees que esas vallas, altas también y con guardias de seguridad, son menos importantes que la de México o Melilla? Pues son las mismas, del mismo tipo, para los mismos objetivos. Vallas que separan personas con diferentes economías. 

Dentro de esos espacios vallados hay personas de todas las razas, colores o religiones. Pero todos son muy similares en las cuentas del banco. Y muy diferentes a las tuyas. Por eso no te dejan entrar.