17.10.18

Los deberes escolares son una oportunidad para los niños

Los deberes escolares son un debate y un problema que no parecemos saber resolver bien en España. De entrada los deberes no pueden ser un castigo, una pena impuesta a los niños y mucho menos a las familias. Los deberes tienen que ser una oportunidad de pasarlo bien aprendiendo, de aprovechar algunas horas para reforzar lo aprendido o para aprender cosas nuevas, desde la calma, nunca desde los nervios, aprovechando el juego para aprender más y mejor, lo que se enseña en las horas lectivas de clase.

El colegio es obligatorio. En esto no hay ninguna duda. Pero los deberes tradicionales no lo deben ser. Aunque SÍ muy recomendables. Y al igual que las familias dedican unas horas cada día a la salud de su hijo, a su higiene o a la alimentación, deberían dedicar un tiempo a la formación. Y en ese tiempo tendrían la oportunidad de personalizar esa formación, de apoyar aquellas tareas que más le gustan al niño, para que saliera reforzado en sus prácticas con el trabajo escolar en casa.

Los profesores deberían revisar los deberes, pero no tanto y en exclusiva los que ellos ponen como todo tipo de deberes realizados en las horas de fin de semana o de tarde. Pero atendiendo a la voluntariedad y al juego, eso sí, dependiendo de las edades de cada niño, de cada curso sobre el que se trabaja.

Y los niños deben ser responsables de esas tareas, de los deberes que hacen en casa. Es el método más esencial de todo esto, que los niños sepan y admitan que su trabajo no termina en la escuela, sino que es positivo para ellos que continúe en casa, para ser cada vez mejores personas. Los deberes son importantes en la misma medida en que los niños deben responsabilizarse personalmente y poco a poco  de crecer y valorar en positivo lo que hacen.

Entrar en la dinámica de que los deberes escolares más parecen un castigo que hay que hacer por obligación negativa, es un gran error. Como lo es que sean los padres los que al final terminen o hagan en su totalidad los deberes de sus hijos, para bien quedar. Hay que advertir siempre que cada edad es un mundo en educación, y que cada curso escolar requiere un tipo de esfuerzo y de responsabilidad, de métodos también en los deberes escolares, y de exigencia.

En Infantil todos los deberes deben basarse en juegos, mientras que en los últimos Cursos de Primaria deben tener ya totalmente asentado los niños que también deben responsabilizarse de su educación, admitiendo que es positivo para ellos aprender cada vez más y de todo. Los niños no son seres pasivos que están esperando a ser llenados de conocimientos por acumulación. Son personas, entes activos que deben decidir y elegir, que deben disfrutar con lo que hacen, incluida la responsabilidad de tener que trabajar en casa. Y recordar que cada niño es un mundo diferente. Como los adultos.

Cuantos menos clientes tienes, más importantes son

Nuestros clientes son la energía para la empresa, y esto sucede en todo tipo de ellas. Cuantos menos clientes tienes, más importantes son. Menos capacidad tienes para perderlos. Así que cuidar a los clientes parece por lógica la tarea más importante de toda empresa. ¿Cuántas veces les preguntamos a nuestros clientes qué les parece el servicio que les entregamos? Es que si lo preguntan ellos y su respuesta no es muy buena, es seguro que se pondrán a buscar otro proveedor del mismo servicio.

No se trata de hacerles encuestas, es un error, se trata de detectar su satisfacción al recibir el servicio, para aprender a mejorarlo. Una encuesta es algo impersonal, es idéntica a todos los clientes. Y en cambio el cliente te agradece mucho más que le parezca que lo estás tratando con personalización, como si fuera un cliente único y distinto a todos.

Las personas de tu empresa tiene que saber qué opinan los clientes que son los que facilitan el poder seguir vivo el trabajo. El sueldo de cada uno de los colaboradores lo pagan indirectamente los clientes, así que los que atienden a los clientes deben saben qué opinan los que al final les están pagando sus gastos.

Así que el trabajo va en doble dirección. Escuchar a los clientes y trasmitir sus opiniones a los que les atienden para que entre todos el servicio final sea más del agrado de todas las partes. El cliente no siempre tiene la razón, pero los que atienden a los clientes tienen menos razones para quejarse de ellos que al revés. Sobre todo porque al final todo funciona con arreglo a los clientes.