14.12.16

Crisis en comercios de barrio en grandes ciudades

No nos cabe duda alguna a los que trabajamos algo los comportamientos de la sociedad, que el comercio local o de proximidad, el comercio de barrio, lo está pasando muy mal si existe…, o ya ha cerrado de forma inevitable por sus pérdidas. Y lo que es más grave y demostrable. No se abren nuevos comercios locales o de proximidad en los barrios, y menos gerenciados por personas jóvenes del propio distrito. No hay pues recambio generacional…, en excesivo número de casos.

No encaja nada bien el proteccionismo al comercio necesario de mantener como elemento vital en barrios y la idea que va en aumento del libre comercio puro y duro. Dicen algunos teóricos que el mercado todo lo arregla con una mano invisible. Pero muchas veces lo resuelve destrozando, cerrando, por evolución hacia la rentabilidad pura y dura. Aunque hay otra rentabilidad que no se mide, que no queremos medir, y que no somos los vecinos de los barrios capaces de mimar con nuestras decisiones de consumo, y eso nos lleva a la desaparición de los comercios de pequeños y de proximidad.

Falta pedagogía, pues un comercio en un barrio es algo mucho más importante que un lugar donde se vende y donde solo el precio de los productos es lo que nos debe motivar para comprar o no comprar. Los barrios necesitan un tejido privado que nunca los poderes públicos pueden crear. Y lo necesitan para mucho más que para comprar y vender.

Los pequeños comerciantes del barrio desaparecen, y van quedando solo las grandes cadenas del mercado distribuidor, que se adaptan al tamaño que se puede convertir en rentable en cada zona de influencia. Un híper, un super o una tienda grande. Pero solo una. Y para ello han logrado cerrar 10, 20, 100 tiendas pequeñas. 

El consumidor puede seguir comprando pues a estas grandes superficies les gusta tu dinero como consumidor, pero a costa de un precio excesivo para la vida y seguridad pasiva del barrio. Sin tener en cuenta, de que cuando ya no tengan competencia pueden jugar a marcar precios y servicios.

Los barrios necesitan seguridad pasiva a costa de movimientos de las personas por todo él. No sirve para lo mismo un local de 4.000 metros en una esquina exterior del barrio. El bienestar del barrio se obtiene a costa del movimiento de los vecinos. Y si se cierran los comercios y tiendas clásicas del barrio, los bares o los espacios de intercambio, sabemos perfectamente qué sucederá.

Los ejemplos de los barrios en las grandes capitales europeas son clave. Veamos qué sucede en Londres como ejemplo sencillo de entender. Cuando no son los colectivos pakistaníes lo son los chinos los que se apoderan de todo el comercio local del barrio. Sin duda es mucho mejor que el cierre, pero es otra forma de entender el comercio de proximidad, pues emplean sus propias reglas comerciales, de horarios, de productos, de servicios.

La carencia de estos servicios y comercios de proximidad disminuye el tamaño de la vida comunitaria del barrio. Se consumen los productos y marcas que nos indican las grandes cadenas de distribución y a precios marcados por sus propios sistemas de distribución de compra y de venta. 

Los beneficios que les dejamos como consumidores no se quedan en “un” barrio, sino en ciudades muy alejadas de nosotros. Los impuestos locales están manipulados legalmente, y las sinergias entre barrio y comercio dejan de existir.

¿Solución? Sin duda debe ser nuestra, como consumidores, eligiendo con más inteligencia social dónde compramos; también suya como propietarios de los comercios que todavía sobreviven y que deben adaptarse a las nuevas tendencias comerciales; y de las instituciones locales que deben saber trabajar la discriminación positiva como elemento vertebrador de un territorio llamado barrio.

13.12.16

Ciudades cuadradas, cuadriculadas, optimizadas

Timgad (actual Argelia), ciudad romana creada por los militares hace 20 siglos
Antes de que los romanos construyeran ciudades con escuadra y cartabón, ya los griegos diseñaron ciudades cuadradas, con espacios iguales, calles rectas y divisiones iguales. Ciudades de algún modo aburridas y simétricas, que en el caso de los romanos tenían un claro referente militar, al ser ciudades nuevas que se construían para y por los militares y sus batallones o legiones.

Se montaban sobre el terreno como si fueran tiendas de campaña, pero con una salvedad importante. A la vez que levantaba los edificios todos iguales, construían unos grandes edificios públicos que rompían las simetrías de las ciudades en cuadro. El Foro era el “centro” comercial y de gestión de la ciudad, y en su entorno estaban templos, locales de ocio, termas, basílicas, panteones de hombres célebres, teatros, dejando para “las afueras” los circos y anfiteatros.

Lima (Perú). Imagen de Mapas de Apple
En el siglo XVI se construyeron ciudades en Iberoamérica con similares planteamientos, para optimizar los espacios, empujadas por los hispanos que conquistaron aquellas zonas y deseaban crear sus propios asentamientos, también de alguna forma fáciles de controlar por los militares, que podían crear murallas y puertas de entrada y salida con facilidad.

Se siguió construyendo ágoras y foros en esas ciudades cuadriculadas, con el concepto castellano de la Plaza Mayor, donde se instalaba la iglesia y el sistema de control municipal y político en las zonas "centro" de esas nuevas ciudades. 

Y según se ampliaba la ciudad, en parte de ella se perdía la calidad del diseño primario y el espacio público diseñado en un principio para airear las zonas desaparecía. Las calles se estrechaban en las zonas más pobres y con menos valor urbano y queda(ba) todo como un auténtico amasijo de edificios en el menor espacio posible. En cambio, en los barrios de más poder económico, se creaban y se mantienen en la actualidad, zonas verdes o parques que servían de solaz a los vecinos de la zona.

Con posterioridad y ya en siglos cercanos, algunas ciudades volvieron al mismo tipo de diseño en sus ampliaciones, por rapidez en el crecimiento, por facilidad de distribución, pero también para crear barrios nuevos donde todos los nuevos vecinos fueran “iguales” y dispusieron de los mismos espacios y servicios. Ciudades optimizadas pero aburridas, y el Ensanche de Barcelona sería el ejemplo más sencillo de explicar. Pero en muchas ciudades hay ideas parecidas incluso en el siglo XX y XXI.

Todas las calles son iguales, todas disponen del mismo tamaño de espacio público en viales o zonas verdes, todos los vecinos se tienen que sentir iguales, todo es homogéneo. Hasta que la propia realidad, por casualidad o por selección natural y urbana, va creando diferencias. Modifica esos barrios nuevos que se van convirtiendo en viejos, y se transforman mejor o peor, según algunos factores bien conocidos por los sociólogos.

Por ejemplo, no por todas esas calles iguales puede pasar el servicio de transporte urbano de viajeros. No todas están a la misma distancia de colegios, ambulatorios médicos, del centro de la ciudad, del mercado o de la carretera de circunvalación.

Unas viviendas empiezan a valer (y costar) más que otras por su proximidad a los servicios, y se produce la selección de los vecinos, que traen sin querer también una selección de los comercios que se asientan en cada zona del nuevo barrio. Y se produce la diferenciación interna, de las “tripas” del barrio nuevo, que aunque aparecía como “igual” en su primitivo diseño, se ha empezado a diferenciar.