7.10.14

España (y Aragón) es mucho más de lo que se creen la mayoría de españoles (aragoneses)

A veces como españoles nos cuesta seguir creyendo en el país. Entre el asunto del ébola, grave y preocupante por el descontrol que se refleja, y las barbaridades de los tipejos de las tarjetas negras, damos asco e incluso miedo.

El tema del ébola no debe preocuparnos, a poco que sepamos tomar las medidas correctas. España tiene los mecanismos correctos para controlar esta epidemia, de momento en forma de contagio muy localizado, aunque represente una mancha más en nuestra capacidad para gestionar las crisis. Los sanitarios están preocupados sobre todo por que algunos de ellos ya sabían que los riesgos eran altos y la medidas tomadas muy justas. Pero tenemos los medios para no tener que preocuparnos en exceso.

Pero debemos tomarnos muy en serio nuestro sistema de trabajo, de gestión, de comunicación, de creernos que somos un país importante. Damos la sensación de ser un país de pandereta, lleno de idioteces, de personas poco válidas, de ladronzuelos de media altura. Así nunca lograremos salir de esta falta de respeto social que padecemos como país de juerga y de pena, a partes iguales. Y acabar a gorrazos con toda esta inmundicia mediocre, que solo sabe emborracharse de lujos, colorines y sonrisas falsas.

Y de Aragón podría decir lo mismo, pero ampliado un 50% por no ser soberbio.

El ying y el yang de Antonio Garrigues Walker

Antonio Garrigues Walker es de esos políticos que no llegaron a lo que se esperaba, aun habiendo estado a las puertas de todo. Un intelectual, fundador del Partido Liberal en España (PDL)pero sobre todo abogado que trabajó mucho las sinergias entre empresas de EEUU y España. 

Con sus 80 años de edad y la lucidez de su inteligencia, sigue demostrando que sus años en el Colegio Marista le siguen marcando en su forma de pensar, y lo digo por experiencia a veces compartida en la visión de la vida. Veamos una respuesta a un Confidencial.

El libro sobre su vida (Antonio Garrigues Walker) recoge vivencias, personajes e historias, relevantes, pero quizá eso no sea lo importante, sino lo que ha aprendido a través de todos esos acontecimientos y esas vicisitudes personales. ¿Importan más las enseñanzas que los hechos?



Cuando uno cumple 80 años lo primero es preguntarse por lo que ha hecho y abrir la etapa de méritos y culpas. Y uno se da cuenta de que ha hecho cosas bien y cosas mal, y hay que aceptarlo con naturalidad. El ser humano es humano y tiene un lado oscuro y yo cada vez creo más en esa actitud oriental del ying y el yang, según la cual todos los valores contradictorios están unidos en sí mismos. He leído muchos artículos de autores japoneses que tratan con pasión acerca de cómo la luz genera la sombra y la sombra la luz, y todos tenemos este tipo de problemas. Entonces entras en fase crítica en que te das cuenta de que los méritos no eran tantos como creías y que las culpas son bastante más de las que piensas, pero bastante más. Y me refiero tanto a lo que has hecho como a lo que no has hecho. Lo primero que uno descubre es que ha podido hacer mucho más. Tienes éxitos y fracasos y a menudo uno intenta minimizar los segundos y aumentar los primeros, pero llega el instante en que te das cuenta de que ese ejercicio no merece la pena.