5.4.14

La depresión, el estrés, los problema cardíacos y los ictus se comunican

Cada día se insiste más en la soledad y la pena que acaba en depresión de diversos grados producida por la vida que nos va transformando, por aquella parte de la vida que se adueña de nosotros sin poderlo evitar y que nos va rompiendo por dentro.

Y cada vez más se está en el convencimiento de que la depresión o el estrés excesivo producen problemas cardiológicos graves que pueden ser el gran problema de salud para el futuro de nuestras vidas, una vez hayamos resuelto los episodios depresivos o de estrés.

La tristeza profunda en todos sus grados nos afecta a la salud física además de a la mental. Lo sabemos los que en algún momento de nuestras vidas hemos parecido episodios depresivos. Como sabemos que el primer punto débil de nuestro organismo ante estos problemas es el corazón. Pero no el teórico corazón del amor, sino el corazón real como motor de nuestro cuerpo. Los cardiólogos saben muy bien de la unión entre problemas mentales por depresión y ansiedad y problemas cardiovasculares.

Cuanto más profunda se vaya haciendo la depresión más posibilidades tendremos de desarrollar una enfermedad cardíaca irreversible o crónica. Es un gran factor de riesgo cardiovascular nuestra forma de admitir la vida que nos ha tocado, lo cual no quiere decir que por ello debamos asustarnos, si no resolver las situaciones. Algo que para el depresivo severo le importa más bien poco y ese es otro factor de riesgo añadido.

Tan malo es la depresión profunda, la tristeza patológica, como la ira brusca que constantemente se descarga. En todos los casos además de un abandono de la salud en general, de nuestros hábitos saludables de vida, hay una descargas constante de hormonas de diversos tipos que ayudar a bloquear las defensas ante problemas cardíacos o ictus cerebrales. 

Los tratamientos adecuados que tengan en cuenta todas las asociaciones de los problemas de salud son imprescindibles. Cada vez más sabemos que no hay enfermedades sino enfermos, que rara vez surge una enfermedad suelta pues suele ir acompañada de factores de riesgo y más enfermedades asociadas.

4.4.14

Proyecto Hombre y mi encuentro con ellos en una visita artística

El otro día me junté con dos profesores que colaboran en Proyecto Hombre dando clases de Arte e Historia a un grupo de adultos en la última fase de recuperación. Trabajo ímprobo, duro y gratificante, costoso y alegre cuando se ve el resultado final. Junto a ellos iban dos chavalas jóvenes de cooperantes o voluntarias, simplemente por si algo se torcía en las visitas programadas. No solo visitaban un Museo Abadía y se dejaban llevar por los comentarios de la guía experta del edificio, sino que uno de los profesores y de forma muy cortés y al final de cada explicación, añadía algunos datos sencillos pero muy "de calle", importantes para mi por su curiosidad y que humanizaban la visita al trasladar datos históricos de la disertación de la guía hacia la realidad del hoy. Sé que algunas de las personas de la visita llevaban encima casi dos décadas de calle, de frío y hambre, de prostitución y drogas, de inhumanidad. Pero aquellas dos horas las vi participativas, sonrientes y alegres en casi todos los casos, abiertas del presente para intentar olvidar el pasado. 

Cuando un trabajo logra levantar una sonrisa a los que tanto han llorado y sufrido, todo lo demás sobra. La alegría de un adulto roto vale casi lo mismo que el mayor de los éxitos sociales. 

Entre los alumnos había dos que deseo señalar con dos pinceladas. 

Un treintañero que había sido costalero durante una década y que tras casarse cayó en el alcohol; destrozó una familia y aun hoy llevaba las señales de una compleja vida. En su educada posición dentro del grupo era el animador elegante de la mañana con sus frases ingeniosas y alegres. 

Una señora elegante bastante cuarentona que había estado tirada en la calle 15 años viviendo en portales de las limosnas y que sorprendía por su negro atuendo solo roto por la terminación de unas botas altas con unos ribetes marrones. Callada y seria, en su andar y forma de llevar el paraguas bien erguido denotaba unas ganas de agradar y ser, un encanto ajado y sin mucho brillo que buscaba un hombro donde caer a llorar. 

Todos somos capaces de ayudar. Pero cuidado. Todos somos capaces también de caer y hundirnos.