3.12.12

Todo enfermo necesita sobre todo tener compañía

La mayor y mejor ayuda que puede recibir cualquier enfermo es tener compañía, no sentirse solo, saber que alguien le defiende, le informa, le acompaña.

Cuando estamos enfermos de verdad, cuando nuestra debilidad nos convierte en seres débiles, necesitamos más que nunca a alguien que simplemente esté allí, nos mire y sonría, nos sepa defender ante los que nos rodean, pueda preguntar ante las dudas que la enfermedad nos plantea y nos ayude a entender los procesos que nuestra vida está padeciendo. Nuestra debilidad es sobre todo de seguridad, de no poder sentirnos libres para tomar decisiones, para entender los procesos.

Estar cerca, trasmitir calor humano, incluso desde el silencio, es la mejor medicina que puede recibir una persona débil. Pero incluso no es necesario una presencia física constante, pues el trabajo de cuidador destroza a cualquier persona sana; pero sí una presencia activa, un liderazgo de la enfermedad desde la otra persona.

Dicen que para entender esto, lo que hace un perro con su dueño es el mejor ejemplo. Simplemente estar cerca, pegado a veces, dando calor vital. Mirando.

2.12.12

Hay que prohibir el programa Salvados. Con urgencia además

Da vergüenza escuchar, ver, el programa de La Sexta “Salvados” de Jordi Évole; en serio, deberían prohibirlo por la salud de los españoles, no es sano, no es lógico acabar el domingo escuchando esta sarta de barbaridades. Somos masoquistas. Con lo felices que vivíamos cuando no conocíamos todo esto.

Se empeña este periodista catalán, raro por sus nuevas maneras de trabajar, en amargarnos pero a la vez en ilustrar con lecciones sencillas de economía, política o sociología, todo lo que nos está sucediendo a los españoles. Y esto es intolerable; que no queremos saberlo, puñetas. Cada vez que saca a un político sonriendo y mintiendo con rictus de asco, de vómito mental, logra que se me corte la cena, que me entre mala hostia. ¡Qué he hecho yo para merecer aguantar esto!
Efectivamente, podría no ver el programa Salvados, pero me encontraría peor, pues me entraría vértigo por ser imbécil y no saber. Hay que saber, aunque joda; y lo que nos cuentan en Salvados, jode.
Me da igual quien tiene la culpa, bueno no, sé quien tiene la culpa y por eso me da igual. La culpa es mía, tuya, de todos nosotros. Somos culpables de todas estas barbaridades, por aguantarlas, por seguir votando a los mismos, por mirar hacia otro lado, por sonreír de todo pensando que nadie puede hacer nada, cuando los primeros que podemos y debemos hacer más somos todos nosotros. Repito. Tú y yo.
Hoy he vuelto a detectar qué es lo necesario para ser un buen político y ascender en todo esto. Por eso yo nunca seré nada. Si, si, si, por esto que os contaré y por todo lo demás que me callo. Pero sin duda yo no sé reírme cuando tengo que mentir o cuando tengo que dar una mala noticia. Se me ve la cara de mala hostia. Joder, hago ejercicios en el espejo pero no me sale. Me miento, me engaño, pongo cara de alegre, me pellizco, pero no hay manera, me sale la cara de mala leche. Nunca llegaré a nada. ¿Se han dado cuenta que todos los que salen en los medios jodiéndonos, sonríen como si les hubiera tocado la rodilla un excelente actor guapo y cachas?