
Cuando las catástrofes se ceban con países desiguales, es muy normal que se resuelvan situaciones límites en las ciudades, en los lugares en donde los turistas o periodistas pueden ir a visitar o a trabajar, pero casi siempre todos nos olvidamos de las aldeas, de las zonas rurales que ya no tenían nada y en donde sólo la vida poseían para perder.
La cultura, la formación, enseñar a vivir y a crecer es una asignatura pendiente de todos los españoles, con aquellos que hablan nuestro idioma y son hermanos de historia.
Los gobiernos tienen que hacer políticas de solidaridad auténtica y constante, no apaños para épocas de crisis, que también.