27.3.26

Escribir diarios es una medicación sin efectos secundarios


Leo que cada vez somos más los que intentamos escribir diarios personales, desde diferentes modelos. También los hay artísticos, como esos Libros de Artista que son expresiones en grafismo personal.

Pero algo me martillea los sesos. No tengo claro si el final de un diario es que no se lea nunca o al contrario hay que escribirlo pulido y abrillantado por si alguien te lo lee.

En este segundo caso la censura personal se impone y eso jode. Pero el final de todo escrito es ser leído, al menos por el escritor. Y a la vez, un Diario del tipo que sea, no soporta nada bien la auto censura.

Esta ventana la leéis pocas personas, incluso dudo que todos los que lo leen sean personas de verdad, pero tal vez lo correcto sería seguir escribiendo sin publicitarlo en las redes para que se lea poco.

Yo ganaría en libertad y perdería en lecturas. Que la verdad, creo que es igual tener diez que una. Con perdón si tú eres de los diez. O lo que parece lo mismo. Es mejor una visita de verdad que 1.000 de mentira.

Así también quien caiga de la locura y se ponga a leerme tendrá la garantía de que su lujo enfermo es mayor, pues es menos consumido.

Los diarios en realidad no siempre son diarios, muchas veces son semanales o ratos de ausencia mental que empleamos en interiorizarnos en busca de nuestra basura para limpiarla hacia fuera.

Publicarlo es como la acción de vaciar la papelera del ordenador. Te quedas como muy a gusto. Aunque a veces los Diarios sean bellos.

La pobreza social de calle nos afecta y mucho


Se calcula que unas 40.000 personas viven en España sin techo, en la calle, sin vivienda. Y casi todos en las grandes ciudades. Según Cáritas que trabaja bien los datos de calle, son entre 37.000 - 42.000 personas en España en 2025.

El 25% de las personas sin hogar tiene ahora entre 18 y 29 años. En la última década se ha rejuvenecido este perfil de la sociedad.

Se calcula que algo más de 1.000.000 de personas malviven en infraviviendas estrictas (chabolas, cuevas, edificios en ruina o locales comerciales sin cédula). Y cerca de 3,5 millones de personas viven en condiciones de hacinamiento moderado o severo (varias familias en un solo piso o habitaciones alquiladas con derecho a cocina).

Aunque la cifra de gente durmiendo literalmente en la calle se ha mantenido en rangos similares en la última década, el problema de la vivienda inadecuada o insegura ha crecido exponencialmente.

Hoy el "sinhogarismo" es más invisible. Hoy son familias que viven en habitaciones o personas con trabajo que no pueden pagar un techo digno.

Son invisibles, no los queremos ver, ellos no quieren tampoco que se les vea mucho, una parte de ellos llevan años en su misma situación, moviéndose entre comedores sociales, cartones y mantas que les otorgan asociaciones de ayuda.

Estos sin techo son de variada procedencia. Casi todos europeos, muy pocos son alcohólicos o drogadictos al contrario de lo que se piensa la sociedad, pues no llegan al 10%. Muchas veces con problemas de familia pero otros casos rodeados de sus parejas o incluso de sus hijos.

Este submundo es brutal, vergonzoso, violento, sin sentido social y humano. Lleno de personas que han huido o que se han quedado sin presente.

Personas que con edades entre los 30 y los 50 años ya no saben qué hacer con sus cuerpos, con sus posibilidades vitales actuales, y que cualquier otra posibilidad es todavía peor.

Muchos de ellos se dedican a la chatarra, a lograr algo de dinero en la calle, a recoger comida o tabaco de las aceras, a vivir de las ayudas sociales, pero sin que puedan ver otro futuro que so sea el mañana y a veces ni eso.

¿Se nos ha olvidado lo que es el humanismo, sea cristiano o secular?