12.2.26

Consumiendo el 2026 como si fuera nuestro


No hay que estar asustado, estamos navegando por el año 2026 y todavía no ha venido el Fin del Mundo.

En realidad este 2026 empezó muy mal, con malos augurios, pero de momento seguimos pudiendo respirar, viendo las puestas de sol, escuchando a los pájaros gritar.

Eso si, seguimos estando rodeados de incapaces, de flojos, de engañabobos, de silenciosos traidores a sus programas. De maliciosos violentos que no saben leer libros de historia.

Algunos han aprendido a jodernos sonriendo y otros están desaparecidos y llenos de tiritas. ¿Habéis visto reírse a los Donald de cada país? ¡¡Uff!!

Eso si, este 2026 es NUESTRO, será lo que cada uno de nosotros quiera que sea, lo que entre todos logremos que sea. Para bien o para regular.

Nació vacío, limpio, como un disco duro SSD (es lo lógico) y sin nada dentro. En los próximos 10 meses rellenaremos el año y miraremos con qué lo hemos ido construyendo y haremos cuentas. 

Si salimos perdiendo otra vez, será nuestra responsabilidad, no habremos sido capaces de hacerlo mejor. Pero es nuestro disco duro —perdón—, nuestra historia; y debemos pensar un momento si tenemos fuerzas en intentarlo al menos. 

Los que en algún momento me habéis leído, sabéis que tengo reparos, que sé que los tiempos que vienen no son buenos, pero son los que nosotros mismos en España hemos decidido darnos. 

Sí. Seguiré estando para insistir. Aunque siempre tengo serias dudas de no tirar la toalla.

Tiempo ¿Tiempo? ¡¡¡Tiempo!!! Necesitamos tiempo muerto

Tiempo ¿Tiempo? ¡¡¡Tiempo!!!

Me ha venido a la mente la palabra “tiempo” en su significado tal vez menos utilizado. La de petición, la de súplica incluso por el bien de todos aunque no lo creamos así, la que demuestra la necesidad de parar, de calmar el momento para estudiarlo y analizar las consecuencias.

El clásico “¡tiempo muerto!” del baloncesto es el que mejor nos indica lo que quiero decir.

Todos necesitamos muchas veces parar de andar por la vida, tomar aire para recoger nuevos impulsos, respirar sin sobrealiento, para darnos cuenta de donde estamos y hacia donde queremos ir.

Nos pedimos tiempo, nos lo concedemos muchas menos veces de las necesarias, pero no siempre lo aprovechamos. 

Si, además es eso, es casi nunca lo aprovechamos. 

¡¡¡Tiempo!!! ¿Para qué?, tal vez para simplemente descansar de la batalla, para vernos reflejados en el agua, para buscar la salida, para mirar a los demás e intentar adivinar en su mirada, qué estamos haciendo entre todos.

Es una nueva oportunidad, es buscar otro lugar, otro espacio, otro momento, otras circunstancias. Es una división para buscar otros motivos. Para recordar lo aprendido.

Muchas veces lo único que necesitamos es tiempo.