En todas las guerras se miente. O se desvirtúa la verdad a base de llenarla de silencios, de disimulos, de trampas dialécticas o de boberías dialécticas como hace el Donald infantil. Hay una noticia de esta semana que ha pasado muy desapercibida para más de medio mundo, sobre la Guerra en Irán y la ONU.
El martes 7 de abril, los EEUU presentaron (indirectamente) una resolución ante la ONU —ese mismo organismo vilipendiado y en el que no cree el mismo Donald—, para que se votara el control del Estrecho de Ormuz por parte de la ONU, para que la ONU obligara a Irán a abrir el Estrecho de Ormuz por donde pasa gran parte de la economía mundial.
Era una jugada maestra de los EEUU. Una trampa en la que no cayeron ni Rusia ni China. A estos dos países les interesaba tremendamente esta resolución, pues dependen tremendamente —sobre todo China— de que el tráfico de energía funcione bien por esta parte tan crítica para Irán como parte de su sistema de presión militar.
Y de aprobarse esta resolución, obligaba a implicarse a la ONU, es decir a todos los países del mundo, a tener que defender esa zona, ese paso, frente a Irán.
Y China y Rusia vetaron esa proposición. Y a las pocas horas los EEUU tuvieron que llegar a un mini acuerdo con Irán a través de la ayuda de Pakistán —que dicen está apoyado desde la sombra por China—, para frenar la escalada con una Alto al Fuego temporal.
La votación, con 11 votos a favor, dos en contra y dos abstenciones, tuvo lugar horas antes de que venciera la amenaza de Donald Trump de destruir la civilización persa, lo que en algunos lugares se entendió como una amenaza nuclear, que solo puede ser frenada desde otro país que pueda ejercer la amenaza nuclear también. ¿Alguien llamó para decir que así no?

