No hay duda de que para España el asunto de Ceuta y Melilla es un problema sobrevenido y mal gestionado, dentro de lo complejo que es hacerlo medianamente bien.
Ante la invasión de Marruecos con 80.000 jóvenes y niños entrando en España, es poco lo que se puede hacer bien pues las leyes de un país democrático casan mal con los escrúpulos del país que invade con otras leyes bien diferentes.
España ha estado lenta, diplomáticamente no ha estado a la altura, posiblemente asumiendo el papel de enemigo para los EEU e Israel, que han sabido jugar con Marruecos las cartas de las guerras híbridas y líquidas.
No hay solución fácil y es posible que tengamos que elegir entre tragar o intervenir, y ambas opciones son muy malas.
En la actual situación mundial, España es un simple ladrillo en una Europa que ni está unida ni sabe bien qué se juega. No hay que asustarse, pero sin duda, si hay que preocuparse más y ocuparse mucho más.
