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Del 23-F de 1981, ahora que se quieren abrir los expedientes secretos o reservados (ya veremos qué quedan y si saldrán todos y también las llamadas telefónicas o solo papeles) van a salir muy pocos datos nuevos. Se ha investigado mucho por reconocidos periodistas con acceso en su momento a todos los detalles. Lo que no quiere decir que no se callaran algunos de esos datos clave.
Sería brutal que ahora salieran datos nuevos que nadie, tampoco los abogados defensores, tuvieron en cuenta en el Juicio. Y que esos datos explicaran un relato distinto, con personajes en posiciones diferentes.
En realidad lo que sucedió es que un Teniente Coronel muy conocido por sus vinculaciones golpistas y que había estado —no hacía mucho— unos meses en la cárcel por otro intento golpista, entró en el Congreso con casi 300 guardias civiles que llegaron en varios autobuses.
En realidad un Teniente Coronel no es un gran mando militar en Madrid, menos si viene desde la Guardia Civil. Primer detalle curioso.
No tiene ningún sentido que el CESID de entonces no estuviera enterado de nada. Ni de la compra de los 8 autobuses, ni de los paseos de Tejero por las cercanías del Congreso haciendo fotos, hechos probados.
Un Golpe de Estado con ganas de triunfar lo dan los Capitanes Generales de las Capitanías Generales territoriales. Las mismas que según se dice, fueron llamadas por el Rey entre las 6:30 de aquella tarde y las 01:30 horas del día siguiente, hasta que salió el Rey por la televisión, para decirnos que tranquilos, que nada de nada.
En Zaragoza la Brigada de Caballería “Castillejos” y la Brunete (que estaba de maniobras en San Gregorio) salieron parcialmente implicados en el 23F, pero fueron claramente frenados por el general Pinilla, en aquel momento director de la Academia General Militar y con un gran prestigio.
Se dice que el general Luis Pinilla Soliveres jugó un papel clave para frustrar el golpe del 23F en Aragón, al rechazar unirse al capitán general Antonio Elícegui, quien sondeó su apoyo para movilizar también a la División Acorazada Brunete que como he comentado estaba en maniobras en San Gregorio, Zaragoza.
Luis Pinilla alertó a Elícegui del peligro de unirse al Golpe de Estado, tras recibir llamadas de Francisco Laína (director de Seguridad del Estado y anteriormete Gobernador Civil de Zaragoza), y Pinilla ordenó el acuartelamiento de los cadetes y músicos (que tocaron aquella tarde en Teatro Principal), pero en donde tocaron en sesión de las 19:00h la zarzuela "Los gavilanes", por orden del director general Luis Pinilla para mantener la normalidad.
En cuanto al Capitan General de la V Región Militar, la de Zaragoza, el capitán General Antonio Elícegui ordenó el acuartelamiento general a las 20:30 h de aquella tarde pero con intenciones sublevatorias, a favor del Golpe de Estado. Los mandos militares de Zaragoza fueron acuartelados y a la tarde noche se desplazaron a sus acuartelamientos desde sus casas, recogidos por vehiculos militares en puntos clave de la ciudad.
Contactado por golpistas de otras capitanías, Elícegui aquella tarde noche dudó sumarse al Golpe del 23F, primero ante la resistencia del general Pinilla y la llamada de Francisco Laína (subsecretario de Seguridad del Estado), y lugo al ver que otras Capitanías tampoco se habían sumado el Golpe, limitándose a un comunicado ambiguo sin acciones decisivas; y Zaragoza no se sumó activamente al golpe. Fue juzgado por ello, condenado e indultado.
Francisco Laína aquella tarde noche fue el que ordenó la creación de un Gobierno en la Sombra con todos los subsecretarios, por lo que se puede decir que fue Presidente del Gobierno en España durante 14 horas. Y una de las personas que más hizo con un teléfono en la mano, para parar aquel 23F.
Las brigadas de tanques directamente implicadas en el intento de golpe de Estado del 23F de 1981 pertenecían principalmente a la División Motorizada Maestrazgo (III Región Militar, de Valencia), bajo órdenes de Jaime Milans del Bosch, quien desplegó unos 40-50 tanques AMX-30 en calles clave como Alameda y Puerto, apuntando a instituciones. Que fueran los únicos no quiere decir que no hubo muchos otros, preparados para salir a las calles, ante una orden que nunca llegó ni en Madrid ni en Zaragoza.
Junto a estas tres Capitanías Generales ya muy conocidos, hubo otras dos que dudaron. La VI Capitanía (Burgos) y la VIII (Sevilla) mostraron simpatías pero no actuaron decisivamente, frenadas por las llamadas telefónicas del Rey o de gente muy cercanos a él. Aquel 23F no parecía ser al Golpe de Estado que estaba sobre la mesa en aquellos momentos, sobre todo tras la dimisión de Adolfo Suarez, que parecía el gran obstáculo a batir.
¿Qué impulsó a dimitir a Adolfo Suarez como presidente del Gobierno el 29 de enero de 1981? Si leemos algunas frases del discurso de su dimisión, algo se puede entender, algo que parecía estar cociéndose y que intentó frenar con su marcha.
Extractos Clave del Discurso de dimisión de Adolfo Suarez
"Hay momentos en la vida de todo hombre en los que se asume un especial sentido de la responsabilidad. [...] He llegado al convencimiento de que hoy [...] mi marcha es más beneficiosa para España que mi permanencia en la Presidencia."
"Me voy, pues, sin que nadie me lo haya pedido [...] No me voy por cansancio. No me voy porque haya sufrido un revés superior a mi capacidad de encaje. No me voy por temor al futuro. Me voy porque ya las palabras parecen no ser suficientes y es preciso demostrar con hechos lo que somos y lo que queremos."
"Algo muy importante tiene que cambiar en nuestras actitudes y comportamientos. [...] Deseo para España [...] un futuro de paz y bienestar. [...] Muchas gracias a todos y por todo."
Adolfo Suárez que siempre negó tener conocimiento del Golpe de Estado creó un vacío político que desestabilizó el gobierno que había, debilitando a la UCD que tanta culpa tuvo en su propia dimisión y posiblemente acelerando conspiraciones militares previas al 23F.
Lo cierto es que pocas semanas antes hubo varias reuniones entre militares y el Rey junto con Adolfo Suarez, para presionarle y hay detalles escabrosos incluso de alguna de esas reuniones con pistolas encima de la mesa.
Se quería "reconducir" la situación de España desde los poderes del franquismo todavía vivos tanto en partidos de la derecha como de la propia UCD, así como desde la ambigüedad de algunos políticos de izquierda, empresarios y medios de comunicación. Eran excesivas fuerzas vivas las que deseaban el final de Adolfo Suarez, y muchos de ellos incluso el final de la Democracia.

