22.2.26

Podremos vivir mil años de aquí a un siglo?




Vi en una de esas notas rápidas de ascensor, un texto que me llamó la atención. Decía que el científico Raymond Kurzweil, experto en biotecnología había dicho que: “La primera personas que vaya a vivir 1.000 años, seguramente ya haya nacido”. Y me llamó la atención la tontería de fondo que pregonaba. 

No conocía al presunto autor y me lo guardé para ver desde dónde bebía para opinar así. Dicen que la profecía era del doctor Raymond Kurzweil, doctor honoris causa por 15 universidades menores de los EEUU y autor de numerosos libro.

Esta frase, atribuida en principio a diversos expertos en longevidad y transhumanismo como Aubrey de Grey y José Luis Cordeiro, sostiene que los avances exponenciales en biotecnología, inteligencia artificial y medicina regenerativa permitirán frenar o revertir el envejecimiento

Argumentan que quienes hoy son jóvenes vivirán lo suficiente para beneficiarse de terapias que extenderán la vida radicalmente. NO son tan osados de hablar de 1.000 años, y en eso ya uno puede estar de acuerdo, admitiendo que lentamente iremos aumentando la esperanza de vida.

Como es lógico, la frase primera no tiene sustento, es imposible, crea tonterías absurdas en la menta colectiva, en caso de que se la creyeran. Pero es imposible, aunque la IA vaya creciendo como setas de cueva, por pura lógica de supervivencia.

Se basa en la idea de que el envejecimiento es una “enfermedad más" tratable y reversible según avance la medicina. Los avances en rejuvenecimiento celular, ingeniería genética y nanotecnología permitirán "reparar" el cuerpo humano de forma continua. Lo cual ya deja más dudas, pues tampoco queda claro ni que sea posible ni que sea universal.

Se predice ya en este siglo XXI que llegará un punto no tardando mucho en que la ciencia aumente la esperanza de vida más rápido de lo que pasa el tiempo (más de un año de aumento de vida por cada año transcurrido), permitiendo extensiones indefinidas. 

Aunque parece ciencia ficción, esta teoría se fundamenta en la capacidad de curar enfermedades actuales y rejuvenecer órganos, lo que llevaría a una longevidad extrema, con las nuevas tecnologías de transplantes y recambios. ¿Será suficiente eso?

Nunca llegaremos a vivir 1.000 años, pues eso es imposible. Pero de alcanzar esa edad, sería de una forma tremendamente lenta, de muchos siglos en evolución. Decir que posiblemente alguien que ya haya nacido, vivirá 1.000 años es una idiotez. Aunque la Sanidad y la IA logre milagros.

Podríamos no morirnos, como podríamos tener un coche con un millón de kilómetros. Pero sería un coche muy viejito, al que ya le habríamos cambiado todo. Y sobre todo, sería un coche que nos resultaría mucho más caso de mantener que los coches nuevos.

Pero además, no morirnos supone un serio problema. A partir de los 60 años empezamos a necesitar remedios para las cronicidades de la salud. Con un 95% de la sociedad tomado de forma crónica medicaciones y necesitando atenciones médicas cada mes, sería insoportable mantener la Sanidad incluso en España. No digo nada en los EEUU.

A partir de los 70 años de media, una persona ya no puede trabajar. No es rentable. Por lógica de fuerza, de aguante, de salud. Estar el 93% de la vida soportando unas pensiones públicas o muriéndose de hambre, parece imposible. Es tanto como trabajar desde los 25 años de edad hasta los 70 años, y vivir el 96% de los años de tu vida sin trabajar y viviendo del trabajo del 4% restante.

Podríamos decir que esto, lo de vivir hasta los 1.000 años, sería solo para los ricos. Pero esa desigualdad vital acrecentaría las luchas y guerras, por alcanzar no ya la subsistencia, sino la vida casi eterna. Moriríamos en guerras, para intentar vivir más años.

Y pensar que eso lo podríamos ver y cambiar en el tiempo que representa una vida humana, en 70 ú 80 años de futuro, es de torpes en sociología o antropología, aunque el señor doctor Raymond Kurzweil parezca una persona muy formada en nuevas tecnologías y en análisis del futuro.

Posiblemente ni ellos mismos sean capaces de creerse esas presuntas palabras suyas, esos estudios que dicen publicar. Pero vayamos a poner sobre la mesa algunos datos más o menos conocidos, para ver si realmente estamos evolucionando en las edades máximas de vida.

Tenemos el ejemplo de Ramsés II (en Egipto, murió alrededor del año 1213 a. C.) pues es uno de los casos más conocidos. Murió aproximadamente a los 90 o 91 años de edad tras un reinado de 66 años. Su momia confirma que era un hombre de edad muy avanzada, con signos de artritis severa y problemas dentales. Una edad superior a la media actual en Europa. 

Dicen que Isócrates (en Grecia, un orador griego murió según las crónicas, a los 98 años de edad. No hablo de figuras teóricas o de la Biblia, como Matusalén (dicen que vivió 969 años) que representan una longevidad simbólica, pero no biológica.

La Esperanza Media de vida era en aquellos años de unos 30-35 años porque se promediaba con la enorme mortalidad infantil. Pero con una Sanidad casi inexistente, si se enfermaba a los 50 años con un problema crónico o una infección, no se podía vivir muchos más años desde el inicio de la enfermedad, que hoy nos parece habitual como podría ser la diabetes o los problemas respiratorios o cardíacos por poner ejemplos habituales.

El límite biológico del cuerpo humano no ha cambiado drásticamente en los últimos 30 siglos; el límite biológico de esos teóricos 120 años ya existía por entonces. 

Si una persona evitaba guerras, epidemias y accidentes, su genética podía llevarla a los 80 o 90 años de forma natural. No tiene sentido que ahora, en este sigo XXI seamos capaces de vencer a la muerte multiplicando por 10 su límite biológico.

El cambio de paradigma de estos científicos es dejar de ver el envejecimiento como un destino inevitable para verlo como una enfermedad tratable. A diferencia de la medicina tradicional, que trata las enfermedades cuando ya han aparecido (como el cáncer o el Alzheimer), estos científicos proponen reparar el daño acumulado a nivel celular antes de que cause problemas. 

Se centran en siete tipos de daños biológicos muy conocidos. Casi todos ellos en investigación de nuevas estrategias SENS (Reparación de Daños).

La base del optimismo para el siglo XXI es que la capacidad de secuenciar el ADN y editar genes (tecnología CRISPR) está creciendo de forma exponencial, no lineal. Lo que hace 20 años costaba miles de millones de dólares y décadas de trabajo, hoy se puede hacer en días por unos pocos cientos de euros.

Por acabar con este tema que puede ser tan apasionante como utópico, te dejo unas líneas del llamado Límite de Hayflick que es básicamente, el "contador de minutos" biológico de nuestras células. Fue descubierto por el Dr. Leonard Hayflick en el año 1961, y cambió por completo nuestra comprensión del envejecimiento.

Hasta antes de la llegada del Límite de Hayflick, se pensaba que las células eran inmortales si se mantenían en un entorno adecuado. Él demostró que una población de células humanas normales (como los fibroblastos) solo puede dividirse un número limitado de veces —entre 40 y 60 veces— antes de detenerse. Cuando la célula alcanza ese número, entra en un estado llamado senescencia: no muere inmediatamente, pero deja de dividirse y empieza a funcionar mal.

Imaginemos los cromosomas de nuestro ADN como si fueran cordones de zapatos. Los telómeros son las puntas de plástico (herretes) al final de esos cordones. Su función es proteger la información genética para que no se "deshilache" cada vez que la célula se copia. 

El problema es que cada vez que una célula se divide, los telómeros se acortan un poco. Cuando los telómeros se vuelven demasiado cortos después de muchas divisiones, la célula detecta que su ADN está en peligro y activa un "interruptor de seguridad" que detiene la división. Ese es el Límite de Hayflick.

Pero es cierto que no todas las células están sujetas a este contador. De momento sabemos que las Células Madre tienen una enzima llamada telomerasa que repara los telómeros, permitiéndoles dividirse casi indefinidamente. 

Y en el lado contrario tenemos a las Células Cancerosas que "secuestran" la telomerasa para volverse ellas mismas inmortales, dividiéndose sin parar y sin respetar el Límite de Hayflick.

Si activamos la telomerasa en todas nuestras células para saltarnos el límite de Hayflick y no envejecer, corremos un riesgo altísimo de provocar cáncer generalizado. O lo uno o lo otro. Envejecimiento o descontrol en la multiplicación de nuestras células.

La solución en la que se trabaja a nivel de investigación, es encontrar el equilibrio perfecto donde podamos "resetear" el contador de las células sanas mediante reprogramación celular, pero sin convertirlas en células tumorales. 

 Se cree que ese llamado Límite de Hayflick es la razón por la que la esperanza de vida máxima humana está "bloqueada" naturalmente en torno a los 120-125 años desde hace miles de años.

Ya conocemos a la nueva izquierda vieja ¿Y ahora…?


Tras el acto de este sábado en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, en donde se ha representado (volver a presentar) el Movimiento Sumar, IU, Comuns y Más Madrid, ya tenemos sobre la mesa todo el concierto de la nueva izquierda vieja… de momento troceada. ¿Y ahora?

El problema o el tema de la izquierda a la izquierda ya lo tenemos enmarcado, lo cual no es mucho pero es algo. Tenemos al menos tres izquierdas a la izquierda del PSOE, con algunos añadidos territoriales que todavía no sabemos en dónde se posicionarán.

Está la izquierda del miércoles, la del sábado y la de Podemos que de momento no está para dar reflexiones delante del público. 

Tres son excesivas, pero lograr que sean una… parece imposible. Es decir, de momento aceptemos que de poco ha servido lo de esta semana, excepto para teatralizar esa división.

En total podríamos señalar a más de una veintena de posibles líderes entre todas estas izquierdas, con capacidad para liderar un solo movimiento. Incluso están lxs tapados. Vuelven a ser excesivas personas. Muy pocas han indicado que no quieren estar.

¿Ideas? Novedosas… muy pocas siendo generosos. Es verdad que este sábado Lara Hernandez apuntó la necesidad de cambiar el marco mental de que no es necesario que seamos todos iguales en la izquierda (obvio) sino que trabajemos juntos. No es una gran idea nueva.

Y dijo algo que vemos todos en los barrios, y es que cada espacio que la izquierda pierde, en las AMPAS, AFAS, Asociaciones de todo tipo en los barrios, las ocupa enseguida la extrema derecha, señalando que es necesario tener un nuevo modelo político para la nueva democracia que ha venido.

No las veo yo ideas muy nuevas como necesidad, pero sí necesarias en estos momentos mundiales con la democracia peligrosamente herida, atacada en casi silencio —no siempre percibimos que la democracia está en juego— y por ello con la necesidad de que sea defendida de otra manera. 

No creo que haya que estar más en la calle, sino más dentro de las reuniones de barrios y de la sociedad. Dentro de las mesas de reuniones.

Pero vuelvo a esta semana de representaciones de la izquierda. Es decir, vuelta a presentar una izquierda que no es nueva.

Se necesitan ideas, no señalar los problemas pues estos ya los conocemos todos. Necesitamos casi con urgencia nuevas ideas de y para la izquierda de las personas, pues la sangría de votos es importante. 

No se trata solo de convencer a los militantes —que también— pues se están quedando en casa. Sino de convencer a los Medios de Comunicación, al resto de fuerzas políticas y sobre todo a los votantes, de que esa izquierda existe unida, y es capaz de ser novedosa ante los problemas. 

No con promesas e ideas que solo se soportan sobre el papel. Sino con análisis rigurosos de lo que se puede y debe hacer, cambiando tendencias y decisiones que vienen desde los "escondidos" poderes reales. 

A partir de ahora, es decir, a partir del inicio de la representación, toca cambiar cosas. Todos y todas.

Las organizaciones políticas no existen, son solo la suma de personas. Y si estas personas no cambiamos, nada cambiará. 

Esto va de personas, de inteligencia política, de entender los momentos y las necesidades. 

Y de generosidad y saber que los tiempos solo suceden una vez, y que es muy complicado intentar volver cuando se ha perdido el rumbo logrado. Los errores sirven para reflexionar sobre ellos, para no volverlos a cometer.