Observo a la sociedad desde la calle, en mis relaciones habituales casi todas ellas silenciosas y de observador. Sí, también leo las Redes Sociales, nunca los comentarios que son lo peor de todas ellas.
La oscuridad se está apoderando de todos nosotros. Y a cambio vamos perdiendo la Humanidad, diciendo además mientras piensan que hay que ser duros, que eso no sirve de nada, y que hay que ser claros, verdaderos y contundentes. Somos imbéciles.
No voy a señalar hacia dónde nos vamos desplazando, lo sabemos todos, aunque muchos no se lo crean y piensan que hay que hacer una limpieza absurda y de torpes sociales. Es inevitable, excepto que la derecha de España empiece a ser una derecha católica (no pido que sea cristiana) e incluso escuche a su Líder Espiritual J.M. Aznar.
No debemos tener duda de que la situación actual irá moviéndose y nos tendremos que enfrentar al final de su camino. Y en breve veremos de qué manera en Venezuela se tienen que enfrentar ellos mismos a esa situación de falta de políticos válidos. Sucederá en España también.
Hay mucha tontería de párvulos adultos que claman contra los políticos. En Venezuela vamos a ver el ejemplo, mandan militares que dicen ser de izquierdas. Es decir, no tienen políticos válidos gestionando, y los que se dicen llamar oposición, tampoco están a la altura de lo que se necesita. Solo les faltaba a Donald queriendo jugar con ellos.
La mediocridad en la política gestiona la mierda. No se les debe considerar políticos a los que son imbéciles, pero eso no quiere decir que haya que denigrar una profesión entera, una necesidad social, la de tener gestores válidos para lo público.
Cuanto más mediocres son los políticos más cerca estamos de que gobiernen los militares y los torpes sociales. Por desgracia, a mi me da igual pues la edad empieza a apretarme. Pero me fastidia ver que el silencio invade a los pocos que no critican desaforadamente. Estar callados no es la única solución para tomar la responsabilidad de que no nos hundamos.
Se ven las formas sociales en el autobús urbano, con los gestos y algunas decisiones de supremacía. Se ve a poco que pongas la oreja en la cafetería o incluso en la calle, pues cada vez gritan más los que no saben de qué va la gestión pública. No será por no avisarlo con tiempo.
Nota.: La Viñeta es del genial El Roto para el diario El País.

